Textos

Máquinas enfermas

(…) esta “improvisación a manera de polución nocherniega”, como la describe el propio autor, es un aforismo musical sobre el tiempo. Al menos eso es lo que sugiere ese extraño tapiz sonoro entretejido con unas primeras gotas de notas, con un martillear constante que, al progresar, se complica, se retuerce y se vuelve cantera de tiempo, barroca cantera del tiempo (sudorosos obreros laboran en su entraña). Finalmente, hay un retorno al orden, a un “orden de orden mineral”, afirma juguetonamente el Dr. Padilla. Aforismo musical sobre el tiempo en tres tiempos.
(Bustos Padilla es doctor en Filosofía y Catedrático de Metafísica aplicada a la Sonología por la Universidad Lusófona de Lisboa).

 

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IMÁGENES DEL MUNDO FLOTANTE

El título de la pieza, “Imágenes del mundo flotante”, es la traducción de “Ukiyo-é”, género de estampación y estilo artístico característico de Japón desde los S. XVII al XIX, y caracterizado por una captación más naturalista de la realidad, entendida ésta como fenómeno cambiante y polimorfo, frente a un arte más arcaico de raigambre aristocrática y naturaleza más simbólica, estática y ritual.

Tanto el sonido como las imágenes de la pieza que presento, intentan reflejar esa realidad cambiante, frágil y huidiza hasta parecer inaccesible, del fluido vital en el que nos hayamos inmersos. La inmutabilidad  de las certezas y los grandes principios esenciales del pasado dejan paso a la contingencia, la ambigüedad categorial, el espejeo de las apariencias y el flujo de informaciones cambiantes en el caleidoscopio de la realidad expandida de la era digital, con lo que todo ello conlleva de angustia pero también liberación en lo que a experiencia existencial del individuo se refiere.

La pieza se divide en 3 secciones muy contrastadas. La primera y la última utilizan la voz procesada para transmitir un juego libre de sensaciones fluctuantes, en el que los sentidos movilizan un complejo universo de microsonidos de naturaleza infraleve. Visualmente, ello está apoyado por una especie de danza multifocal de puntos que evolucionan en un espacio flotante.

En la segunda sección la voz da paso a una serie de sonidos/ruidos de naturaleza deshumanizada que transmiten una sensación de interferencia, la otra cara de la experiencia ontológica del mundo cambiante en el individuo actual, la parte de la angustia por la pérdida de asideros que den alguna seguridad o sentido a nuestra deriva existencial. Visualmente, violentos choques de luz disparada agresivamente se convierten en una metáfora de la sensación de desconcierto vital a la que está sometido el hombre en esta tormenta desesperada que llamamos vida.

Dodecaedro.

DODECAEDRO es una obra musical elaborada con medios estrictamente electrónicos, que se estructura utilizando los elementos básicos de la organización dodecafónica, pero poniéndolos en relación con las bases estructurales (y también simbólicas), de la geometría del dodecaedro, en su formulación matemática.
La relación entre la Música y las Matemáticas está implícita en la propia naturaleza del lenguaje musical y de su materia prima, el sonido. Asimismo, la especulación matemática en un contexto místico simbólico, ha estado presente en Occidente desde los pitagóricos, adquiriendo después diferentes fisonomías en función del medio cultural en el que se desarrollara.
Esta pieza pretende ser un homenaje a dichas tradiciones, así como a un sistema, el dodecafónico, que intentó devolver a la música la capacidad de generar grandes arcos estructurales, a partir de unas simples normas que establecían un sistema cerrado y ordenado que determinaba gran parte de los resultados sonoros, ganando en coherencia estructural lo que perdía en espontaneidad.
La pieza está articulada en base a 12 eventos sonoros o “pentágonos”, cada uno de los cuales contiene su imagen especular en forma de onda invertida. Cada pentágono podría definirse como una especie de microrelato sonoro, sin ninguna relación con el resto, autosuficiente en el reclamo de su espacio propio. La pieza encadena así los eslabones de un catálogo de miniaturas sonoras independientes, aisladas en la redondez de su geografía sonora y, sin embargo, emparentadas por una identidad estructural que las iguala en lo profundo, a pesar de la radical diferencia que las individualiza en su superficie sonora.
Al autoencargarme una pieza como Dodecaedro fui consciente del peligro inherente a la construcción de una obra a partir de dos fuentes de determinación (dodecafonismo y cálculos aritméticos), cuyo resultado no podía sino aquejar rigidez. Para compensar este defecto, me propuse que, todo cuanto no fuera estructura, rígidamente establecida, estuviera concebido desde la intuición sonora, obedeciendo a impulsos que tienen más que ver con el universo del descubrimiento tímbrico que favorece el medio electrónico, con el vagabundeo improvisatorio que intenta atrapar ese momento donde se produce la magia a través de los colores del sonido y sus caprichosas combinaciones; con la búsqueda, en definitiva, de ese estado de fascinación que nos eleva hacia regiones desconocidas, donde los sentidos, en un intercambio sinestésico, nos conducen a estados de conciencia alternativa que nos sustrae de la conciencia habitual, tan esclava del Tiempo y los negocios del mundo.

Pedro Linde. Octubre 2011.

AQUI PUEDES ESCUCHAR LA PIEZA: