RAYUELA 68

Rayuela 68 es una obra basada en el audio de la lectura que el propio Julio Cortázar hiciera de este capítulo de su novela. En su formato sonoro, se trata del propio audio de Cortázar mas la estructura musical con la que dialoga, creada a partir del uso de diferentes sintetizadores. En su formato audiovisual, la pieza musical está acompañada por imágenes de diferentes fuentes compuestas a modo de collage.

Se ha respetado el texto íntegro, pero trastocando el orden original de las frases por otro nacido de una de las permutaciones azarosas a las que fue sometido, con el objeto de potenciar sus posibilidades polisémicas, y siguiendo uno de los recursos más apreciados de la técnica cortazariana, consitente en su propuesta, explícita en Rayuela, de poder leer el texto en diferentes combinaciones de capítulos.

Esta apertura de sentido por permutación del orden resulta amplificada en el caso del capítulo que nos ocupa, por la propia naturaleza del texto, consistente en el uso de un vocabulario de términos inventados por el autor, que sin embargo, se articulan de manera lógica en la estructura sintáctica del idioma. El uso de dichos términos inventados destruyen por una parte la interpretación unívoca de su sentido, poniendo en manos de la imaginación del receptor las infinitas posibilidades semánticas que cada cual puede imaginar en función del poder de sugerencia del texto, de las sutiles analogías que cada cual puede establecer en función de sus experiencias personales, etc. , eso si, dentro del contexto semántico de carácter erótico que emana del propio texto.

La parte sonora hace un uso abundante de deslizamientos de frecuencia, en consonancia con la labilidad del texto, así como de múltiples recursos de color sonoro, también relacionados con la riqueza de colores fonéticos con los que está configurado el texto.  Las sorpresas sonoras en la articulación formal están relacionadas a su vez, con la sorpresa y el asombro que producen determinadas combinaciones textuales en el fluir de este torrencial, vitriólico, volcánico e hiperbarroco discurso, preñado en su ambiguo sentido, de tantas sugerencias como receptores tenga la obra.

Pedro Linde. Nov. 2020

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